El disgusto de los huéspedes de los hoteles que se sorprendían al recibir un servicio inferior al que había anunciado el establecimiento y por el que habían pagado altas sumas de dinero, ya será un tema del pasado.
En un país como el nuestro, en donde los gobiernos anteriores y éste han trabajado con seriedad para impulsar el turismo y captar más visitantes que nuestros vecinos más cercanos, se hacía necesaria una medida como la que se ejecutará en los primeros tres meses de este año.
Ha sido un buen acierto que la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), ponga en jaque a los hoteles del país, que acostumbraban a colocarse las estrellas, sin ninguna supervisión estatal ni de ninguna empresa calificadora.
El tema de la regulación de estrellas de hoteles parece no preocuparle a los grandes establecimientos, ya que en su mayoría cuentan con respaldo internacional de alguna poderosa franquicia que les exige un alto grado de calidad antes de prestarles su nombre, pero los hoteles nacionales sí tendrán que adecuarse y realizar nuevas inversiones.
Los expertos dicen que la medida obedece más que nada a la falta de criterios de varios hoteles que se sobrecalificaban a pesar de que muchas veces no cumplían con la calidad de los servicios.
La medida que busca controlar las conductas que puedan conducir a un error a los huéspedes, en especial en el uso de publicidad engañosa, es plausible y debe aplicarse con todo rigor si queremos que nuestro país siga creciendo en esta materia y se convierta en un verdadero destino turístico del mundo entero.
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